Tan solo nos diferencian unas letras. Tan solo el idioma. Tan solo el antes y el después. El pasado que no me permite seguir con mi reinventado presente. Entonces llega alguien con su manera de hablar, su chulería, su arrogancia. Desafiante, retándome...
Y mientras, yo quiero esconderme en mi cabeza a llorar como una simple niña que no es aceptada, pero ella sale y lucha, escuchando mis sollozos de fondo, entre música estridente con el volumen alto y los gritos que se imagina, en aquella bonita cúpula de cristal, que deja ver la tormenta en el cielo, cuando estoy yo, la luz del sol brillando en un bonito día de verano, cuando está ella.
Siente mi nudo en su garganta, como un perro de caza al que mantienen atado, aunque solo ataca para defender a su amo.
Yo no quiero luchar, solo poner la otra mejilla, aunque me abofeteen, pero ella no me deja. Ella no piensa detenerse, temerosa de que la historia se repita, dejándola como un mero personaje paciente, observador, que no puede hacer nada para cambiar el destino. Y entonces deja de pensar, y muerde, sin fijarse en el peligro, y quizá, solo quizá, muerde a quien no debe, a quien tiene agallas para contraatacar. Y ella tiene las de perder, pues tan solo es un cachorro sin educar; no puede estar callada, ladra, no puede soportar la burla, gruñe, y la rabia provocada por la impotencia de estar en desventaja la bloquea y no es capaz de reaccionar.

Y vuelve a la cúpula conmigo. Y se esconde entre mis piernas con el hocico ensangrentado y numerosas magulladuras. Y ahí nos quedamos, las dos, inmóviles, observando ahora brillar el sol de nuevo, ocultando tormentas en cajones.
Yo temblando por dentro. Ella insensible por fuera. Y nos vamos. Y huimos del enfrentamiento con la idea consoladora de que es lo correcto, de que no somos cobardes, tan solo unas buenas personas que libran a un ignorante de un mal mayor, intentando olvidar cada una de las palabras que nos han dirigido y pensando en la respuesta que deberíamos disparar a cada una de las personas que nos dijeron que tuviéramos amigos, las dos al unísono, haciendo vales nuestra unión:
"Dos son compañía. Tres son multitud. Y más son ejército enemigo."
