No estaba segura del tiempo que llevaba ahí dentro, hablando de cosas que a aquella mujer no le importaban lo más mínimo, y que ella no quería contar. Por extraño que le parecía, el sol brillaba bastante. Extraño en aquel lugar. Pero bonito.
Mientras la mujer apuntaba pensativa algo en el cuaderno y la observaba de manera disimulada, ella examinó la habitación: blanca. Todo perfectamente limpio y formal. Diplomas en las paredes. El sofá blanco sobre el que ella estaba sentada era incómodo, y sus piernas se quedaban pegadas a él. "¿Será cuero de verdad?" pensó mientras dirigía su mirada hacia el calendario. 13 de abril. En apariencia, un día cualquiera.
Movía las piernas suavemente en un movimiento pendular y jugueteaba con los pliegues de su nuevo vestido. Enérgica, pero tranquila. Ojos bien abiertos, alegre. Suave sonrisa, que parecía no ir a desaparecer nunca. Ni aun estando allí con aquella seria y falsamente sonriente mujer.
Entonces se puso a examinarla a ella. Labios ojos, a juego con las uñas. Vestía un traje negro, muy formal, y esos zapatos de tacón, con punta, que la niña tanto odiaba. La voz de la mujer le hizo centrar de nuevo su atención en la conversación.
-Bien. Centrémonos en ese joven del que me has hablado. Por lo que tengo entendido, tú no tienes muchos amigos, pero parece que tienes un lazo un tanto peculiar con él. ¿Por qué? ¿Qué tiene de importante en todo esto?-
La niña se encogió de hombros, inocente, sin perder la sonrisa, y dirigió su mirada hacia la ventana. Era un primer piso, pero desde ese ángulo no llegaba a verse la calle.
-Quiero que me hables de él. Qué es para ti. Por qué estáis tan unidos...Por qué nadie le ha visto nunca.- Sus últimas palabras fueron seguidas de una mirada tan fija que tuvo la impresión de que si se esforzaba podría leerle la mente.
Sonrió más todavía y ladeó la cabeza.-¿Por qué?- Preguntó pensativa e incluso divertida.- ¡Quizá sea un fantasma!- Se echó a reír, pero la mujer tan solo apuntó en el cuaderno, seria, irritada, impaciente. "Desvía la atención. Posiblemente sea una alucinación de su mente para evitar el sentimiento de soledad."
-Él es genial.- Dijo sin más, abrazándose a un cojín, manteniendo su mirada en la ventana, en el cielo, en la nada. Fue toda una sorpresa para la mujer, que se recolocó en la silla dispuesta a escucharla.
-Y también es muy raro. Estrepitosamente raro. Pero me encanta. ¿Y sabe qué? Lo mejor es que...entre sus gustos extraños...estoy yo. -Le dedicó una fugaz mirada al pronunciar esas palabras.- No estoy segura...-se levantó y se acercó de una pequeña carrera a la ventana para mirar hacia la calle.-...de saber cómo describir. Describirle. Describir lo que siento.- Negó, dándole la espalda.- Pero en el fondo él ya lo sabe.- Comenzó a balancearse sobre sus pues, con las manos posadas en la ventana.
-Sabe que lo quiero. Y yo sé que él también a mí. Sabe muchas cosas y me las enseña. Es muy listo. Aunque a veces no lo parezca. Y odia las fiesta. ¡Todas! ¡Incluso navidad! ¡Y su cumpleaños!
Yo quería celebrar su cumpleaños con él, pero es el 13 de Abril, ¡queda tanto tiempo! También es muy gracioso. Y es guapo. Es muy guapo. Es muy guapo porque me riñe y yo no lo hago caso. Y es muy guapo porque hace que todo lo malo que ocurre parezca insignificante y divertido. Y es muy guapo porque puede hacer que me sienta pequeña, pequeña como un hada, y grande, grande como el universo. Y es muy guapo por su presencia.-
-¿Su manera de vestir?- preguntó ella confusa.
-No. Su presencia. Él está. Él siempre está. Yo nunca estoy sola porque él está conmigo todo el tiempo. Y también es muy guapo porque le ha dado la mano a mis monstruos, y ha besado mi frente, y ha susurrado "yo estoy aquí pase lo que pase". ¿Y sabe? ¡Es verdad!- Exclamó ilusionada.- Y es muy bueno. Aunque me intente castigar a veces. Es muy bueno desde el momento que me recordó que portaba unas alas en mi espalda, para alzar el vuelo, pero que siempre tendría otras alas, las suyas, para cobijarme cuando tuviera miedo.-
-Ese joven no existe.- Dijo cortante.- Lo ha producido tu mente. Yo solo quiero ayudarte pero debes decirme la verdad.-
Tras sonreír ampliamente mirando hacia fuera, se giró.
-¿A usted la ha querido alguien? ¿De verdad? ¿Sin mentiras?- Negó.- No. Él siempre dice que es un monstruo, pero yo le veo como...como...-Sus ojos brillaban con fuerza tan solo de pensarlo.- Es indescriptible... Para mí ha sido tan importante conocerle. Tan importante para volver a ser feliz. Tan importante, tan importante como la explosión para que hubiera universo.-
-¿Y qué le dirías si estuviera aquí?-
La niña estalló en una carcajada inocente y llena de vida.
-Usted ya lo sabe. Y además yo nunca estoy sola. Él está conmigo. Aunque usted no pueda verle, él está aquí.- Como si estuviera calculado por la pequeña, un pequeño timbre sonó y entonces se dirigió a la puerta dando saltitos.- ¡No puedo llegar tarde! ¡No puedo llegar tarde!- Exclamaba, imitando al conejo de Alicia en el País de las Maravillas, alegre.
-¿Tarde...?- Se preguntó la mujer mirando como desaparecía tras la puerta. y entonces se dirigió a la ventana para verla abandonar el recinto. Allí, se encontró con lo que la haría cambiar su opinión para el resto de sus días.
La pequeña sostenía ahora la mano de un joven que caminaba a su lado. Calle arriba, sin prisa, pero con paso ágil. Hablaban y ella parecía feliz. Más feliz de lo que hubiera podido esperar después de oír toda su historia. Pudo observar como le dedicaba una última mirada, cual firma de cuento. Y lo último que pudo pensar, esbozando por fin una sonrisa sincera, como quien ha descubierto en medio de una guerra perdida que todavía queda esperanza, fue:
>>Feliz cumpleaños.<<
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