La habitación completamente en silencio. Conversación arriba, conversación abajo. No me hace caso, pensaba mientras la releía. Y yo aquí, como una
A saber con qué puta estaría hablando ahora.
Si tanto la quiere, ¿por qué narices hace más caso a esas putas que a ella? Las fotos para las putas, y la atención para la putas, y las conversaciones continuadas también para las putas.
Ya no le habla, ya no le hace caso, él siempre tiene otras cosas que hacer. Todo es siempre más importante que ella, y el continuo "perdón" ha dejado ya de hacer efecto.
Bloquea el móvil. Mira al ordenador. Su cara refleja angustia. Siente un nudo en el estómago. Presión en el pecho. Paralización de su capacidad de raciocinio, entrando casi en pánico, presa del miedo a descubrir que vive en una mentira, otra vez. Para.
De nuevo, conversación arriba, conversación abajo. Es consciente de que, mientras mira a la pantalla fijamente, sin esperar respuesta alguna, una lágrima recorre su rostro. ¿Y qué importa?, piensa.
Nadie supo jamás lo que pasaba por su mente. No le contó a nadie lo mal que se sentía, ni siquiera a él. Nunca se quejó, ni le impidió, ni le exigió. Nunca reclamó lo que le había prometido.
He ganado. Soy imbatible en este juego.
Enhorabuena.
Me has perdido.
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