Encierro los celos en un sobre sellado con celo. Reclamo la
atención rechinante proveniente de la falta de cariño, provocada por la
despreocupación de la paternidad envejecida.
Te culpo y disculpo sin más razón, corazón, que la desazón
que me provoca frustración ante tu falta de atención.
Me paso la madrugada escribiendo a oscuras para buscar la
fuente de mi dolor, la amargura, sin razón.
(La escritura automática es un cuento disfuncional que sólo
provoca dolor de cabeza, con certeza, ante la pérdida de tiempo sin sutileza,
pereza, ni cerveza.)
Despreocúpate, acaricia el sol. Colores vivos, ojos
expresivos, agresivos, sonrisas sinceras, ni ceras, canciones suaves, ideas
parpadeantes, como centellas en una noche sin té, con una sonrisa como luna.
Besar a Alicia antes de despertar. Salir a correr con el
conejo blanco. Decapitar a la reina. Decolorar las rosas, rosas, sosas.
“Las fiestas son los miércoles y hoy es martes, qué
disparates.”
Buscar solucionar las pesadillas con pastillas de azúcar y
la luz encendida. Tendencia a dormir para huir a un sitio donde no haces más
que morir. Resucitar al oír la realidad salir por tu ventana, mientras buscas
un lazo que convine con los zapatos.
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