sábado, 17 de octubre de 2015

Existencia dependiente

Adoro vivir en la oscuridad, no ser nadie, no tener forma física; tan solo vivir en la mente de los niños, ser el amigo imaginario de quien necesita creer en mí para espantar su soledad.

Pero de vez en cuando, aparece alguien. Y sólo a veces, yo, que no tengo ni cuerpo ni ser, que no puedo exigir un sitio en la existencia material de este mundo marginante, que vivo en los armarios y bajo las camas, con la esperanza de dejar de ser confundido por un triste monstruo y de tener al fin la posibilidad existir por unos instantes, unos días, unos años... Yo, criatura condenada a la soledad eterna o pasajera, a la pérdida irreparable por el mal cometido, por la sonrisa rechazada y el grito desgarrado, degradado a ver la vida pasar una y otra vez ante mis ojos, a carecer de mente pensante o de pulmones que se llenen de aire y me permitan sollozar, lloro la despedida de quien ha sabido verme, de quien me ha confiado su ser y me ha hecho real, de ese niño que ahora tiene un amigo de verdad, o quizá es demasiado mayor ya, con sus vicios insignificantes y aletargadamente satisfactorios, para perder el tiempo conmigo.

Lloro sin lágrimas y sin tristeza, sin capacidad de recordar lo que causó ese sentimiento inexistente aquí, pues conmigo se desvanece en la oscuridad que nadie quiere ver, en esa que todos iluminan en la noche temerosos de ver la realidad del universo, la pesadilla de los seres olvidados en las tinieblas del desconocimiento y la ceguera perpetua.

Almas ignorantes veo pasar ante mí, sin creencia ni fe en sus semejantes, y lloro, pues yo, ser indomable y domado por el ostracismo de la raza humana, he visto la felicidad en los ojos de un niño que tan solo mira las falsas estrellas de su techo, lleno de ilusión y cargado de la inocencia de quien no conoce el mal; he calmado el llanto del que en la noche tiene el miedo irracional del desprotegido; he detenido mi canto que permitió que durmiera hasta que lo creyó demasiado aterrador para seguir escuchándolo en una sala vacía, pero que sin embargo, convencido de que tan solo fue su imaginación, tarareó la mañana siguiente; y he escuchado historias del hombre olvidado en una silla, sin más actividad que ver pasar la vida en imágenes repetidas frente a sus ojos, retroalimentados de soledad. Lloro sin ser reconocido como ser, ni como compañía más allá de locura transitoria en una mente decrépita.

Acarició así, con mi último suspiro, el pelo de quien me dio vida y existencia durante los últimos tiempos, con la esperanza de que, aunque sólo sea en la parte más pequeña de su recuerdo infantil, sepa que jamás he existido, y eso me permita mantenerme sin ser, ni sentir, hasta nuestro próximo encuentro.
Porque a veces... Sólo a veces... Solo siempre... Desearía ser real...

miércoles, 7 de octubre de 2015

Visiones de madrugada

Un tecleo incesante. Noche tranquila. Nada de tormentas, eso ya está demasiado usado. Esta vez no es un invierno frío que provoque escalofríos ni vaho al hablar. Hace calor, pero un calor muy leve, agradable, propio de Galicia.
Ha apagado la televisión, pues a estas horas ya no dan nada. No es la hora bruja, de hecho, esa ya ha pasado, y no ocurrió nada extraño.

Un plano de la estantería. Nada de libros de brujería, ni de cómo invocar al diablo. Simplemente ejemplares no muy famosos, novelas de misterio y las monografías obligatorias de sus años de estudio.
Ha preferido mantener la luz principal de la estancia apagada, pues le molesta en sus comunes ojos marrones. Vista fija en la pantalla. La dirige hacia la puerta. Mientras, esta se abre. Se queda unos segundos estática, esperando ver algo. Nada más que la oscuridad las pasillo, que le impide ver el interior del cuarto de baño, cuya puerta está abierta.

Vuelve la vista a la pantalla del ordenador, dejando la estancia iluminada por una pequeña lamparita en su escritorio. La puerta se cierra lentamente hasta quedar arrimada, dando suaves golpecitos. Plic, plic, plic. Mira de reojo y sigue escribiendo. La puerta se cierra y la luz parpadea, pero ella sigue escribiendo.
Qué tópico, ¿no? Tan solo faltan los gritos de desesperación y las acciones absurdas que la lleven a una muerte segura y estúpida.

Respira hondo y se gira en la silla, mirando hacia la habitación. No ve nada, pero sabe que está allí.
-Podrías hablar, para variar, ¿lo sabes?-
La televisión se enciende y se apaga, si tiempo a que nada llegue a verse, simplemente el sonido de la pantalla de carga. Resopla y cierra el ordenador, negando suavemente.
-Un día de estos, tú y yo tendremos más que palabras.- Ambos rieron. Apagó la luz y se metió en la cama, dejando que la tapara con la sábana y acariciara su pelo.
Cerró los ojos. Seguía estando completamente sola.

sábado, 25 de julio de 2015

Todo depende de la inocencia del lector

Cierra la puerta con delicadeza, pero el pomo chirría suavemente. Las llaves tintinean al cogerlas. Las sombras le permiten moverse a su antojo, velozmente, sin ser visto.
No hay escapatoria.
El ladrido de los perros es alterno, simulando el movimiento de las manecillas del reloj, a lo lejos.
No hay escapatoria.
Los pasos del fugitivo resuenan en los pasillos, de mármol, por mucho cuidado que tenga. Y ya no le importa. Y correr.
No hay escapatoria.
Fuera hay silencio, tan solo silencio. Y el sonido ensordecedor del viento de finales de verano, que mueve las ramas de los árboles, rechinando en su oído.
No hay escapatoria.
La suave lluvia crea un manto blanquecino, pinchándole como dulces agujas que le provocan escalofríos al contraste del frío contra su piel cálida y sudorosa a causa de la carrera.
No hay escapatoria.
Se resguarda en la entrada de la finca, escondida en una antigua muralla, lo suficientemente grande para que pases los coches.
No hay escapatoria.
Se apoya en una de las columnas para recuperar el control sobre su respiración. Lo hace. Respira profundamente. No puede oír nada más allá del latido de su propio corazón.
No hay escapatoria.
Una mano toca su hombro. Y un grito susurrado lo acompaña.
-¡Tú la llevas...!

jueves, 16 de julio de 2015

Errores imperceptibles

Comer sin hambre, beber sin sed, decir "te quiero" sin sentirlo.
Cantar sin entonar, llorar sin tristeza, morir sin haber vivido.
Leer sin prestar atención, mirar sin ver, estudiar sin motivación.
Follar sin ganas, dormir sin sueño, soñar sin esperanza, esperar sin paciencia.
Descubrir sin buscar, aceptar sin querer, despertar sin haber dormido.
Pelear sin motivo, rascarse sin picor, protestar sin molestia.
Latir sin sangre, tragar sin saliva, caminar sin rumbo.
Lamer sin lengua, morder sin intención de dañar, atacar sin buscar la guerra.
Rendirse sin querer perder, explorar sin libertad, atar sin cuerda.
Nadar sin agua, escribir sin pensar, hablar sin detenerse.
Correr sin ser perseguido, herir sin puñal, saltar sin paracaídas.
Caer sin tener miedo, temer sin oscuridad, abrazar sin ternura.
Borrar sin haber dibujado, dibujar sin inspiración, inspirarse sin musas.
Arder sin fuego, desear sin lujuria, gemir en silencio...

Y otras maneras de desperdiciar la vida...

jueves, 9 de julio de 2015

Sentimientos 18#

La gente me mira, siempre. Quizá sea por mi manera de vestir, o porque llevo gafas de sol en días nublados. Quizá, porque, con este corte de pelo, parezco una niña, y si no lo seco con secador, más bien parezco una seta, una campana, una fregona. Quizá, porque de estar triste durante tanto tiempo, la mueca de mis labios se inclina hacia abajo, dando la impresión de que estoy triste. Quizá porque, si no llevo gafas de sol, debo llevar los ojos entrecerrados, y hace que parezca que estoy enfadada.

Quizá me miran por esas zapatillas de tela blancas que tengo, que están pintadas con graffitis de colores, y cada una lleva el cordón de un color diferente, a cada cual más chillón. Quizá me miran porque me ven poco, pero aun así me quedo grabada en su retina a fuego. O quizá porque camino con la espalda completamente recta, al contrario que la mayoría. O porque no agacho la cabeza al pasar frente a la gente. O porque no voy sonriendo a todo hijo de vecino. Quizá porque tengo manchas en los dientes a causa de la falta de calcio. O quizá porque cuando llevo cascos estoy en mi mundo, y no me fijo en nada más. La gente me mira siempre, haga lo que haga.

Cuando hago deporte, la gente me examina, como siempre. Siempre me juzgan con sus miradas. Si llevo el pelo largo, o corto. Si voy arreglada o no. O quizá me miran porque me importa poco. Quizá me miran porque yo les mantengo la mirada, desafiante, o quizá porque los rumores de mí se han extendido hasta cada rincón de este pueblo envejecido, y soy la única que no se ha enterado.

Quizá me miran porque no me relaciono con la gente de por aquí, o más bien, no me relaciono en general. O porque desde hace un par de años, ando completamente desaparecida. Quizá por simple necesidad de generar bulos sobre todo lo que se mueve por las calles de este lugar. También puede ser que me miren por los accesorios que pongo en mi pelo, que varían según la festividad o el resto de la ropa, desde lazos hasta arañas, pasando por cintas de colores. Quizá porque todos recuerdan aquella vez que me puse mechas naranjas, o porque mi manera de vestir ha cambiado mucho desde que me mudé por segunda vez.

Quizá, me miran porque ya no saben quién soy. Quizá, me miran porque les llamo la atención, aunque no lo suficiente -o quizá demasiado- como para acercarse a hablar conmigo. Quizá me miran porque se ve a la legua que soy una persona extraña, o porque me ven tan normal que resulta extraño. Quizá porque corren rumores sobre que tengo mis reglas escritas en una libreta, o porque saben que no me morderé la lengua ante algún comentario ajeno sobre mí. Quizá, porque el incidente en aquel parque ha llegado hasta el otro lado del puente, o quizá porque me ven una simple forastera.

La gente me mira, y yo no sé por qué. Quizá, porque ven a este fantasma que camina tras de mi cada día, y que me enciende y apaga la televisión del salón y camina por el pasillo cerrando las puertas. O quizá, porque tengo una aura invisible a mis propios ojos, un campo de fuerza que me rodea.
La gente me mira y camina a mi lado desviando la mirada a continuación, fingiendo que no soy nadie, o que no les intereso. La gente, cuando ha pasado de largo, se vuelve para mirarme y ahí estoy yo, mirándoles, esperando sus ojos posados de nuevo en mí. Quizá me miran porque llamo la atención, o quizá, porque cada vez que alguien posa sus ojos en los míos, les robo parte de su alma…

La gente me mira, y nunca sabremos por qué.

domingo, 14 de junio de 2015

Hombres

Hombres que representan lo mismo. Diferente rostro, diferente voz...Hombres fuertes, serios o divertidos. Hombres que luchan, que sufren, que imponen.
Hombres de guerra, de paz, de poder. Hombres de anillo, o de cadenas.
Hombres suaves, bruscos, decididos. Hombres que desean, que sienten, que necesitan.
Hombres que poseen, que tienen, que añoran. Hombres que protegen, que temen, que atacan.

Hombres. Tan solo hombres. Hombres que buscan, que encuentran, que consiguen.
Hombres que pueden, que quieren, que actúan. Hombres que razonan, que no piensan, que se arrepienten.
Hombres asumen, que superan, que deciden. Hombres que ofrecen seguridad, hogar, amor.
Hombre fríos, y apasionados. Hombres que mandan y dominan.

Hombres que te hacen sentir,  y recordar, y soñar. Y reír, y llorar, y gritar. Y vivir, y morir, y pensar. Y que te ponen en peligro, y te salvan, y te disfrutan.
Hombres de traje, corbata y pistola. Hombres de correa, látigo y vodka. Hombres de te quiero y no lo digo. Hombres que enseñan, que aprenden, que demuestran.


Hombre. Esos que saben, que creen, que jamás preguntan. Hombres de fe, de confianza, de duda.
Hombres que juegan, y arriesgan, y ganan. Hombres que controlan, que manipulan, que aciertan. Hombres de instintos, de actos, de locuras. Hombres de caricia suave y embestida fuerte. Hombre de miedo, de agallas, de celos. Hombres de aquí, de ahora, de nunca. Hombres de orgullo, de impulso, de pérdida. Hombres cobardes, preocupados, ansiosos. Que fingen, que no olvidan, que persiguen. Hombres que enamoran, y desesperan. Hombres que contradicen, que discuten, que compensan.


Hombres. Tan solo hombres.

sábado, 30 de mayo de 2015

Sentimientos Perdidos Perseverantes

Pasa el dedo por la pantalla. Conversación arriba, conversación abajo, releyendo una y otra vez las mismas palabras. Horas de separación entre las respuestas a sus mensajes. Monotonía. Las respuestas automáticas que tanto la sacan de quicio.
La habitación completamente en silencio. Conversación arriba, conversación abajo. No me hace caso, pensaba mientras la releía. Y yo aquí, como una imbécil tonta, esperando un maldito mensaje.
A saber con qué puta estaría hablando ahora.

Si tanto la quiere, ¿por qué narices hace más caso a esas putas que a ella? Las fotos para las putas, y la atención para la putas, y las conversaciones continuadas también para las putas.
Ya no le habla, ya no le hace caso, él siempre tiene otras cosas que hacer. Todo es siempre más importante que ella, y el continuo "perdón" ha dejado ya de hacer efecto.

Bloquea el móvil. Mira al ordenador. Su cara refleja angustia. Siente un nudo en el estómago. Presión en el pecho. Paralización de su capacidad de raciocinio, entrando casi en pánico, presa del miedo a descubrir que vive en una mentira, otra vez. Para.

De nuevo, conversación arriba, conversación abajo. Es consciente de que, mientras mira a la pantalla fijamente, sin esperar respuesta alguna, una lágrima recorre su rostro. ¿Y qué importa?, piensa.
Nadie supo jamás lo que pasaba por su mente. No le contó a nadie lo mal que se sentía, ni siquiera a él. Nunca se quejó, ni le impidió, ni le exigió. Nunca reclamó lo que le había prometido.

Pero en su interior...Lo que ella realmente sintió en el instante en el que vio la atención del joven centrada en otra...Escuchó cristales romperse. Algo estallar en su interior, sin cambiar para nada su apariencia. Su rostro no refleja sentimiento alguno, pero por dentro siente como si se estuviera ahogando. Una angustia infinita, que no cesa ni para pronunciar estas palabras perdidas en el tiempo:
He ganado. Soy imbatible en este juego.

Enhorabuena.
Me has perdido.


miércoles, 6 de mayo de 2015

Sentimientos 17#

Aquella niña era un juguete roto que no se dejaba arreglar, pues sabía que dulces palabras pronto se convierten en gritos que no se pueden controlar, que una caricia pronto es un golpe o, sin más, una amenaza de corte.

Un simple intento de huir, abrir la ventana, sentarse en ella, con la vista nublada de lágrimas. Un movimiento brusco. Volver al lado equivocado. "No te irás de mi lado". Un abrazo de perdón que sólo ahoga, no poder dormir, sentir que te rodea una soga; llora a escondidas, dice que todo va bien, pero sabe que no es cierto al ver las lágrimas caer. Mira como se va golpeando la puerta, le sigue corriendo, suplicándole que vuelva, se gira, la empuja y se golpea la cabeza.

Cruza la calle y un camión le impide verle, siente paz interna y no necesita linterna para ver la condena a la que se encontraba sujeta.
Dice que le deja, que está cansada de esto, siempre asegurándose de no quedarse sola con el obseso. Quería irse a su casa pero él la seguía llorando, fingía que le dolía, que le estaba haciendo daño. >No cedas, es mentira, te lo ha hecho muchas veces. No le duele, ni sufre, sólo teme no tenerte.<

Saca el cuchillo, le suplica que no lo haga, en realidad le da igual, sólo quiere ver que todo acaba. Se lo llevan a empujones, sigue gritando su nombre, y entre lágrimas, sonríe, pues ya no es más de aquel hombre.
Pero todo ha cambiado, no volverá a ser la misma. Teme que la apresen y le digan "eres mía". Ama, como siempre, pero intentando ocultarlo, porque las huellas de aquel chico se reflejan en su mano.

Ella misma intenta matar sus mariposas, convenciéndose, ilusa, de que ahora es sólo suya. Nadie más podrá volverle a hacer daño, siempre y cuando guarde su corazón cual oro en paño. Que nadie sepa que ha sufrido o creerán que es débil. >Sonríe y sé adorable, vigilando al que se acerque.<

Sueña e imagina que todo saldrá perfecto, un hombre atento que no la ate cuando no deba de hacerlo. Pero no se arriesga, siempre se mantiene al margen, se alejas de la gente para que nadie pueda dañarle. Se siente sola y es su culpa porque huye simplemente, sin opción a explicación o a duda pertinente. Le dicen que la quieren y ella sólo ve mentiras, palabras en el viento que por el tiempo serán vencidas.
Confía en que llegado el momento sabrá que es el adecuado, pero la historia acabará sin haber nadie a su lado. Se aísla o se abre dependiendo del ambiente, pero lamentablemente elige a la gente de manera poco inteligente.

Él la destruyó y ahora ya no tiene arreglo. Se esconde en su interior y su monstruo está contento; al verlo se da cuenta de una verdad superior, que su vida perfecta será con el lobo feroz. Sonríe y se acerca, viendo algo con un brillo en sus ojos intenso. Un monstruo, diferente, marginado por su aspecto, por sus actos, anteriores, y alejado del resto.

"Llévame contigo" le dijo la niña al monstruo, que al contrario que en el cuento, con un beso no se hizo hermoso. Ella veía la belleza en la deformidad, aunque aquel ser con tan solo pensarlo la podría destrozar. Ser bonito o feo, no te fíes de la apariencia, la niña y el monstruo eran lo mismo pero con diferente cubierta.

Junto al monstruo la pequeña conseguirá ser feliz, viviendo a su manera sin tenerse que reprimir. Ambos matarán, utilizarán a la gente, disfrutarán del sufrimiento, ellos, solos, juntos en su propio cuento. Un cuento roto y viejo, y quizá hasta incompleto. Un cuento que a la mente de cualquiera acabaría enloqueciendo.

-¿Eres tú el valiente? ¿Me leerás tú este libro? Tan sólo soy una niña, dulce y tierna hasta el hastío. Prometo no dañarte si quieres ser tú mi monstruo. Ocultaré mi verdadera forma, para que resulte armonioso. Lo único que debes hacer aunque te resulte curioso, es agarrar con todas tus fuerzas este bonito cordón rojo.-

miércoles, 22 de abril de 2015

Un miércoles cualquiera, por la tarde.

La luz no paraba de parpadear. La quitaba una y otra vez, pero siempre volvía. Ventana abierta, para que el tráfico arruinara el silencio. La televisión en un volumen medio, para evitar la costumbre del simple ruido del pasar de los coches. No era suficiente.
Los cascos puestos, con la música a todo volumen, pero aquella lucecita no dejaba de perseguirla. Manos apretando los cascos contra sus rejas, un tic nervioso en la pierna. Subrayar, subrayar, subrayas sin siquiera leer lo que pone. Miles de pensamientos en la cabeza, de todo menos lo que debería haber. "Cállate. Cállate. Cállate." pensaba una y otra vez, manteniendo la mirada fija en la parte blanca de la hoja.
Casi le parecía poder escuchar los mensajes llegar a su teléfono, silenciado desde hacía días. Casi podía sentirlos. Un nudo apretaba su garganta cada vez con más fuerzas, como la soga que oprime el cuello del suicida.
Tensión. Todos los músculos de su cuerpo contraídos, y un dolor de cabeza insoportable. Coge el bolígrafo, con el único resultado de acabar moviéndolo con los rápidos tics de sus dedos.
Insoportable.
Guardas sus apuntes y mira los mensajes. Como ella pensaba. Gente que no conoce hablando de soberanas gilipolleces tonterías. Presumiendo de su inteligencia, aunque ella sabía que era más inteligente, y haciendo banales bromas, aunque ella sabía que era más divertida. Casi le parecía haber oído como los mensajes que no esperaba que llegaran no llegaban. Sí, los había oído. Había oído a la hipocresía rozar su teléfono incansables veces, recordándole lo estúpida que era.
"No voy a hablar más" y siempre picas, le decía con recochineo. Y ella lo único que desea era que por un instante, todo el universo quedara reducido a silencio, o incluso mejor, a insoportable ruido. Ruido que le impidiera pensar.
Para su sorpresa, un mensaje de una conversación que creía cerrada horas antes. Una sola persona que pensaba en ella. Una sola persona que, ya fuera por aburrimiento o necesidad de una paño de lágrimas, le había hablado a ella. A ella, y no por un grupo. A ella. Increíble. Casi tan increíble como la mañana anterior, que había descubierto que alguien en el instituto sabía su nombre. La margina de la última fila con nombre, qué locura...
¿Realmente le importaba que nadie le hablara? No. No era eso lo que molestaba. Era poder oír como las mentiras brotaban de la boca de la gente. Aunque fuera al otro lado del mundo, ella podía oírlas salir. Podía sentir cuando nacían, con qué peso y facilidad. Si con buenas o malas intenciones. Si por bien del mensajero o del receptor. Si valían la pena, o sólo eran lastre.
Un suspiro. Un tecleo rápido en el ordenador de las primeras palabras que le venían a la cabeza, pudiendo observar en su campo de visión la acosadora luz constante del teléfono. Un envío rápido. Sin foto. Sin interés. Una publicación rápida en una red social a sabiendas de que nadie leerá lo que ella escribe. ¿Qué importaba ya? Un día malo, en una mala semana, en un pésimo mes de un año que no parecía ir a mejor.
Ni una sola mala contestación, ni un solo grito, ni un solo golpe. Un pitido contante en sus oídos y la visualización de su representación en su mente. La búsqueda de que se acabara ya el día. La búsqueda de que se acabara ya la semana. La búsqueda de poder dormir, en silencio, o más bien en un ruido constante que no la dejase pensar.
Observó como el texto que había escrito sin ansia alguna se mostraba ya en su página. Ni un ápice de esperanza de que alguien lo leyera. Ni una muestra de sentimiento en su rostro. Se levantó de la silla dejando caer la chaqueta que colgaba de ella y se dirigió a la cama, con los brazos caídos, el pelo suelto, la cabeza muerta hacia un lado, y los ojos permanentemente abiertos como si hubiera perdido la vista hacía horas, quizá en el infinito, o quizá en su propio interior. Se dejó caer en la cama, de lado, y se mantuvo mirando a la pared, sin cerrar los ojos, evitando pestañear.
Esta vez, el pitido no cesó, y supo que no cesaría en las próximas horas. Eso la alegró. Su monstruo la rodeo con su brazo, abrazándola con frialdad, con la misma expresión de muerto en vida que ella llevaba ahora. Notaba aquel pringue negro penetrar en su ropa, manchar la colcha de su cama, incluso podía verlo por el rabillo del ojo. Respiración fuerte, ruidosa, ronca y cálida acariciando su pelo.
. . .
¿Quién quiere amigos cuando se tienen monstruos?

domingo, 19 de abril de 2015

Sentimientos 16#

Sigo sintiendo tus caricias sobre mi piel desnuda, aunque tus manos ni siquiera han llegado a rozarme.
Sigo escuchando tus palabras en mi oído y me estremezco ante la sensación cálida de tu aliento contra mi cuello, aunque jamás llegaste a hablarme con tanta dulzura.
Sigo acariciando tus labios con los míos, notando en mi boca la humedad del momento, de un momento que no llegó, que aun no llegó, que nunca llegará.
Veo gente por la calle que imita tus gestos, gestos que no he visto y si lo he hecho no lo recuerdo; gestos que imagino cada noche ante el espejo, ese diálogo onírico, real e imperfecto; trazos de ese diálogo perverso los escucho entre la multitud, cada palabra y cada cambio de tono que creo que tiene pero no estoy segura, pues no recuerdo tu voz.
Sigo, sigo esperando un mensaje que no llega, y no llegará, tu orgullo o el mío o tal vez que te has ido y ya no volverás.
Recuerdos, noches en vela pensando en estas conversaciones que quizá me he inventado y solo existen en mi imaginación.
Ya no estás, ya no vas a volver, y lo repito, porque no puedo acabar de creerlo, parece mentira que esto esté pasando; promesas rotas, mentiras puras y ataduras.
He estado tanto tiempo callada que no creía posible que pudiera someterme a algo que ya solo está en mi mente. Debo admitirlo, asumir que te has ido, pero no puedo, no lo soporto y desvarío.
Añoro tu risa, tus bromas, tus respuestas; preguntas sin sentido en una noche incierta. Todas esas cosas que ya no recuerdo si las he oído o las he soñado.
Tan solo vivo en el recuerdo de algo inventado...
Me tumbo en la cama, cara a la ventana, y cierro los ojos. Siento como te tumbas a mi lado y rodeas con tus manos mi cintura. Susurras a mi oído que no faltarás, pero ya sé que tu presencia es nula, demasiado ideal para ser real. Ante este pensamiento el aire me llama, abro los ojos y veo como, mientras el tiempo para lento, se abre la ventana. Me repito que es mentira, que estás aquí, que eres verdad, pero la ráfaga de viento, detenida en el tiempo, te estalla en pedazos una vez más.
Me tapo los oídos, todavía escucho tu voz, cada vez más suave, aunque grites, dentro de la habitación. Quiero oírme, quiero desaparecer, pienso que no soy real, pero el viento está parado para no dañarme más.
Sola, viviré en esta mentira para siempre jamás, una mentira que ahora está rota y me ha dejado con el recuerdo fugaz de tu boca...

lunes, 13 de abril de 2015

Y la niña, sin saberlo, narró un cuento al adulto perdido, mostrándole la salida.

No estaba segura del tiempo que llevaba ahí dentro, hablando de cosas que a aquella mujer no le importaban lo más mínimo, y que ella no quería contar. Por extraño que le parecía, el sol brillaba bastante. Extraño en aquel lugar. Pero bonito.

Mientras la mujer apuntaba pensativa algo en el cuaderno y la observaba de manera disimulada, ella examinó la habitación: blanca. Todo perfectamente limpio y formal. Diplomas en las paredes. El sofá blanco sobre el que ella estaba sentada era incómodo, y sus piernas se quedaban pegadas a él. "¿Será cuero de verdad?" pensó mientras dirigía su mirada hacia el calendario. 13 de abril. En apariencia, un día cualquiera.

Movía las piernas suavemente en un movimiento pendular y jugueteaba con los pliegues de su nuevo vestido. Enérgica, pero tranquila. Ojos bien abiertos, alegre. Suave sonrisa, que parecía no ir a desaparecer nunca. Ni aun estando allí con aquella seria y falsamente sonriente mujer.
Entonces se puso a examinarla a ella. Labios ojos, a juego con las uñas. Vestía un traje negro, muy formal, y esos zapatos de tacón, con punta, que la niña tanto odiaba. La voz de la mujer le hizo centrar de nuevo su atención en la conversación.

-Bien. Centrémonos en ese joven del que me has hablado. Por lo que tengo entendido, tú no tienes muchos amigos, pero parece que tienes un lazo un tanto peculiar con él. ¿Por qué? ¿Qué tiene de importante en todo esto?-

La niña se encogió de hombros, inocente, sin perder la sonrisa, y dirigió su mirada hacia la ventana. Era un primer piso, pero desde ese ángulo no llegaba a verse la calle.

-Quiero que me hables de él. Qué es para ti. Por qué estáis tan unidos...Por qué nadie le ha visto nunca.- Sus últimas palabras fueron seguidas de una mirada tan fija que tuvo la impresión de que si se esforzaba podría leerle la mente.

Sonrió más todavía y ladeó la cabeza.-¿Por qué?- Preguntó pensativa e incluso divertida.- ¡Quizá sea un fantasma!- Se echó a reír, pero la mujer tan solo apuntó en el cuaderno, seria, irritada, impaciente. "Desvía la atención. Posiblemente sea una alucinación de su mente para evitar el sentimiento de soledad."

-Él es genial.- Dijo sin más, abrazándose a un cojín, manteniendo su mirada en la ventana, en el cielo, en la nada. Fue toda una sorpresa para la mujer, que se recolocó en la silla dispuesta a escucharla.
-Y también es muy raro. Estrepitosamente raro. Pero me encanta. ¿Y sabe qué? Lo mejor es que...entre sus gustos extraños...estoy yo. -Le dedicó una fugaz mirada al pronunciar esas palabras.- No estoy segura...-se levantó y se acercó de una pequeña carrera a la ventana para mirar hacia la calle.-...de saber cómo describir. Describirle. Describir lo que siento.- Negó, dándole la espalda.- Pero en el fondo él ya lo sabe.- Comenzó a balancearse sobre sus pues, con las manos posadas en la ventana.

-Sabe que lo quiero. Y yo sé que él también a mí. Sabe muchas cosas y me las enseña. Es muy listo. Aunque a veces no lo parezca. Y odia las fiesta. ¡Todas! ¡Incluso navidad! ¡Y su cumpleaños!

Yo quería celebrar su cumpleaños con él, pero es el 13 de Abril, ¡queda tanto tiempo! También es muy gracioso. Y es guapo. Es muy guapo. Es muy guapo porque me riñe y yo no lo hago caso. Y es muy guapo porque hace que todo lo malo que ocurre parezca insignificante y divertido. Y es muy guapo porque puede hacer que me sienta pequeña, pequeña como un hada, y grande, grande como el universo. Y es muy guapo por su presencia.-

-¿Su manera de vestir?- preguntó ella confusa.

-No. Su presencia. Él está. Él siempre está. Yo nunca estoy sola porque él está conmigo todo el tiempo. Y también es muy guapo porque le ha dado la mano a mis monstruos, y ha besado mi frente, y ha susurrado "yo estoy aquí pase lo que pase". ¿Y sabe? ¡Es verdad!- Exclamó ilusionada.- Y es muy bueno. Aunque me intente castigar a veces. Es muy bueno desde el momento que me recordó que portaba unas alas en mi espalda, para alzar el vuelo, pero que siempre tendría otras alas, las suyas, para cobijarme cuando tuviera miedo.-

-Ese joven no existe.- Dijo cortante.- Lo ha producido tu mente. Yo solo quiero ayudarte pero debes decirme la verdad.-

Tras sonreír ampliamente mirando hacia fuera, se giró.
-¿A usted la ha querido alguien? ¿De verdad? ¿Sin mentiras?- Negó.- No. Él siempre dice que es un monstruo, pero yo le veo como...como...-Sus ojos brillaban con fuerza tan solo de pensarlo.- Es indescriptible... Para mí ha sido tan importante conocerle. Tan importante para volver a ser feliz. Tan importante, tan importante como la explosión para que hubiera universo.-

-¿Y qué le dirías si estuviera aquí?-

La niña estalló en una carcajada inocente y llena de vida.
-Usted ya lo sabe. Y además yo nunca estoy sola. Él está conmigo. Aunque usted no pueda verle, él está aquí.- Como si estuviera calculado por la pequeña, un pequeño timbre sonó y entonces se dirigió a la puerta dando saltitos.- ¡No puedo llegar tarde! ¡No puedo llegar tarde!- Exclamaba, imitando al conejo de Alicia en el País de las Maravillas, alegre.

-¿Tarde...?- Se preguntó la mujer mirando como desaparecía tras la puerta. y entonces se dirigió a la ventana para verla abandonar el recinto. Allí, se encontró con lo que la haría cambiar su opinión para el resto de sus días.

La pequeña sostenía ahora la mano de un joven que caminaba a su lado. Calle arriba, sin prisa, pero con paso ágil. Hablaban y ella parecía feliz. Más feliz de lo que hubiera podido esperar después de oír toda su historia. Pudo observar como le dedicaba una última mirada, cual firma de cuento. Y lo último que pudo pensar, esbozando por fin una sonrisa sincera, como quien ha descubierto en medio de una guerra perdida que todavía queda esperanza, fue:

>>Feliz cumpleaños.<<

domingo, 22 de marzo de 2015

Sentimientos 15#

Supongo que él es lo único que me ata al pasado. A quien era. A quien nunca quise ser. A actos que yo jamás cometería. Quizá estoy loca. Quizá necesite ir al psicólogo. O quizá que me encierren en un psiquiátrico. Quizá porque aquel reflejo del cuchillo bajo el sol dividió en dos mi cabeza... Ella...Yo...Nosotras...

Tan solo nos diferencian unas letras. Tan solo el idioma. Tan solo el antes y el después. El pasado que no me permite seguir con mi reinventado presente. Entonces llega alguien con su manera de hablar, su chulería, su arrogancia. Desafiante, retándome...

Y mientras, yo quiero esconderme en mi cabeza a llorar como una simple niña que no es aceptada, pero ella sale y lucha, escuchando mis sollozos de fondo, entre música estridente con el volumen alto y los gritos que se imagina, en aquella bonita cúpula de cristal, que deja ver la tormenta en el cielo, cuando estoy yo, la luz del sol brillando en un bonito día de verano, cuando está ella.

Siente mi nudo en su garganta, como un perro de caza al que mantienen atado, aunque solo ataca para defender a su amo.
Yo no quiero luchar, solo poner la otra mejilla, aunque me abofeteen, pero ella no me deja. Ella no piensa detenerse, temerosa de que la historia se repita, dejándola como un mero personaje paciente, observador, que no puede hacer nada para cambiar el destino. Y entonces deja de pensar, y muerde, sin fijarse en el peligro, y quizá, solo quizá, muerde a quien no debe, a quien tiene agallas para contraatacar. Y ella tiene las de perder, pues tan solo es un cachorro sin educar; no puede estar callada, ladra, no puede soportar la burla, gruñe, y la rabia provocada por la impotencia de estar en desventaja la bloquea y no es capaz de reaccionar.


Y vuelve a la cúpula conmigo. Y se esconde entre mis piernas con el hocico ensangrentado y numerosas magulladuras. Y ahí nos quedamos, las dos, inmóviles, observando ahora brillar el sol de nuevo, ocultando tormentas en cajones.
Yo temblando por dentro. Ella insensible por fuera. Y nos vamos. Y huimos del enfrentamiento con la idea consoladora de que es lo correcto, de que no somos cobardes, tan solo unas buenas personas que libran a un ignorante de un mal mayor, intentando olvidar cada una de las palabras que nos han dirigido y pensando en la respuesta que deberíamos disparar a cada una de las personas que nos dijeron que tuviéramos amigos, las dos al unísono, haciendo vales nuestra unión:

"Dos son compañía. Tres son multitud. Y más son ejército enemigo."

domingo, 8 de febrero de 2015

·Primeras presentaciones·

·Nombre completo: Kelea Maic Craith. Su apellido, al entrar en la sociedad moderna, será modificado a McGrath.

·Alter Ego: Olivia McGrath.

·Apodos: Agraciada, usado principalmente para Olivia.

·Raza: Humana.

·Fecha de nacimiento: Desconocida. Ronda la veintena.

·Estado civil: Soltera.

·Orientación sexual: Desconocida.

·Lugar de nacimiento: Kylkenny, Irlanda.

·Lugar de residencia: Ha vivido toda su vida en Nevada, Reino Unido.

·Estudios: Tiene un doctorado en medicina pero su verdadera vocación son las letras.

·Oficio: Trabajó un tiempo como cirujana en un hospital privado, como cirujana -Nevada-. Posteriormente trabajó como doctora en la Fundación Zarza -España-, y tras renunciar a su puesto, ha vuelto a su residencia a habitual, todavía sin trabajo.

·Historial médico:

En términos coloquiales, padece una enfermedad mental similar al autismo. En su infancia comenzó una leve esquizofrenia. Gracias a ella y a algunos medicamentos, creó a su alter ego, para protegerse de su propia realidad.

·Descripción física de Kelea:

Mujer de aspecto frágil, a causa del color pálido de su piel y su manera de gesticular o incluso sentarse. Pelo negro y largo, altura media y menuda, delgada. Sin contar su extraña manera de vestir -de manera recatada, formal a la vez que informal, e incluso infantil e ocasiones-, lo que más destaca en ella son sus ojos, uno verde y otro azul. También cabe destacar que su mirada es abierta, expresiva, curiosa y llena de inocencia.

·Descripción física de Olivia:

Tan solo se diferencia, principalmente de vestir y de maquillarse; es provocadora, pretendiendo ser siempre el centro de atención. Otra diferencia sería que Oli está en mejor forma física y quizá tiene algo más de peso, ya que le gusta ser atractiva y hace deporte continuamente. Kel, en cambio, es una chica que no le importa su físico y no se molesta en hacer deporte para conservarlo, pero al comer poco, continúa estando delgada, incluso más que Oli.

·Descripción psicológica de Kelea:

Es realmente complicada. Podría describirse como la mujer indefensa de décadas pasadas, que acabaría rápidamente bajo el mando de un hombre que supiera manejarla. Es tímida, discreta, recatada. Callada, tranquila, dulce. Extraña, analítica y frágil. Luchadora, inocente, e incluso infantil en algunas ocasiones. Aun así es risueña y ve maravilla en cosas tan pequeñas como un reloj de bolsillo o tan incomprensibles como un libro de física cuántica. Es sincera, a causa de su falta de empatía y entendimiento de los sentimientos humanos. Está acusada por el sentimiento de culpabilidad por la huida del poblado y la muerte de su hermano, igual que por el regreso de Olivia o la repercusión de sus actos. Comenzó a sentir hace poco, a partir de la pérdida de su mellizo y añora tener una vida normal. Es asustadiza, por las agresiones sufridas e incapaz de reaccionar ante gritos o actos violentos, ya que su cerebro se bloquea.

·Descripción psicológica de Olivia:

Enérgica, despreocupada y temeraria. Extrovertida, fuerte y decidida, y, sobre todo, impredecible, lo que la hace muy peligrosa. Su única preocupación es encontrar el placer y la diversión que Kelea no pudo sentir. Es adicta a los medicamentos que le suministraban en el sanatorio mental. Siempre está de fiesta, bebiendo o fumando. No es capaz de sentir tristeza ni ningún tipo de sentimiento similar, tan solo puede experimentar los extremos: el placer, la alegría, la euforia, la pasión...y el dolor, la ira... No tiene intención de vivir eternamente, todo lo contrario, su objetivo siempre fue morir joven sabiendo que su cuerpo no soportaría aquel ritmo de vida, por lo que está dispuesta a morir por diversión. No tiene la capacidad de sentar la cabeza y a menudo sus metas la llevan a dañar a otro, pero no lo importa, solo desea conseguir su objetivo. Le agrada la violencia, por el simple hecho de que aumenta la adrenalina en su cuerpo, por lo que suele buscar pelea.

Cabe destacar que ambas son guiadas a menudo por la curiosidad y no son capaces de ver el peligro, como niñas que acarician un perro peligroso ignorando que pueden perder la mano.

·Información extra:

Kelea adora la naturaleza, la música, el café con mucho azúcar, los lugares tranquilos y, sobre todo, descubrir cosas nuevas. Tiene miedo de los conejos por culpa de un incidente provocado por Olivia y odia los espejos, ya que no le gusta verse, pues se considera un monstruo, un demonio -términos utilizados por los Amish para designarles a ella y a su hermano.- Tampoco le agradan las multitudes, ni es demasiado buena relacionándose con la gente.

Olivia, en cambio, adora la música muy alta, las luces parpadeantes, el whisky y el azúcar, pero por encima de todo, los medicamentos y los espejos. Le gusta ver su vida como una fiesta continua, siempre descontrolada. Odia la verdad, la realidad que no coincida con la suya, que le manden y que le lleven la contraria. Detesta aburrirse y las cosas serias. No teme a nada.

·Historia: En redacción.

domingo, 1 de febrero de 2015

Sentimientos 14#


Y si sé no somos nada, ¿por qué me duele?
Y si sé no somos nada, ¿por qué lloro?
Y si sé que no estoy enamorada, ¿por qué estoy celosa?

Y si sé que no sueñas con despertarte a mi lado. Y si sé que nunca has sentido la necesidad de que fuera tuya. Y si sé que jamás pensar en estar entre mis piernas. Y si sé que nunca fui una opción.

Y si sé que no encajaríamos.Y si sé que tú caminas a mil por la vida y yo me paro en cada piedra. Y si sé que tú buscas un futuro y yo añoro un pasado.

Y si sé que todo lo que hemos vivido tan solo son recuerdos trucados por la imaginación.
Y si sé que sólo quería aquel juego despreocupado, inocente e ilusorio, sin ninguna meta.
Y si sé que solo fue un beso perdido en un taxi. Y si sé que para ti no fue nada. Y si sé que hubo otras chicas en mi lugar.

Y si sé que tu eres feliz con ella. Y si sé que yo no te amo. Y si sé que nunca he pensado en que estemos juntos. Y si sé que los momentos contigo son igual de buenos.Y si sé que aquello no volverá. Y si sé que tú tienes una vida.
Y si sé que somos amigos.Y si sé que eres incapaz de ver algo más allá que una sonrisa que se escapa entre lágrimas.

Y si sé que solo es soledad...Y si sé que solo me duele una historia rota en mi cabeza...Y si sé que solo quiero ser feliz...
Y si lo sé...Entonces...
¿Por qué me duele que me hables de ella? ¿Por qué me duele saber que tras esa pared estas cogiendo su mano y no la mía? ¿Por qué escuchar que ahora tu vida son ellos?

¿Por qué me duele que te vayas de viaje sin mí? ¿Por qué me quedo aquí esperando algo que ni siquiera deseo? ¿Por qué sigo en un trabajo que no me gusta?
¿Por qué acabo admitiendo que me siento vacía al escucharte hablar? ¿Y por qué puedes reconfortarme con un abrazo y un "te quiero"?
Porque...Si te amara...Soñaría contigo cada día, añoraría que me acariciases cada noches, que besaras mi frente cada mañana al despertar... ¿Y es así? ¿Veo tu cara cuando cierro los ojos? ¿O lo que veo es un rostro difuminado?

Añoro algo pero no es a ti. Añoro amor pero no es el tuyo. Añoro como me hacías sentir cuando empezábamos a conocernos. Ese nerviosismo, esa tensión, ese juego de miradas, y sonrisas y gestos.
Pero te dejo ser feliz. Y sonrío al verte con tu familia. Y te deseo lo mejor.
Y te felicito por lo que has conseguido, sin mí...Y silencio las voces en una botella de Whisky barato, riendo tus chistes malos, y pensando que de haber sido diferente, quizá sería yo quien...

Y oigo el teléfono interrumpiendo tu voz. Y corro a cogerlo. Y vuelvo a sentir renacer esa sensación de agobio adictivo. Pero esta vez no eres tú... es otro. Y comienzo a cambiar aquel rostro difuminado, a perfilar sus rasgos hasta cambiar los tuyos por los suyos. Y todo vuelve a empezar...Y aun así...Aun siendo él el que provoca ese descontrol...Cuando hablas...Lloro...

viernes, 9 de enero de 2015

Sentimientos 13#



Las patadas en el estómago cada vez son más fuertes y comienzan a matar mariposas.
Una, dos, tres...Cinco mariposas por patada. Once, doce, trece...Para, por favor...Hay más maneras de matar mariposas...

Al ver como mueren, las otras comienzan a pudrirse de tristeza. Lo noto. Intento vomitarlas, pero no puedo.

Tan solo mátalas...Hazlo ya. Deja de darme ilusiones para que revivan. ¿A partir de cuantas mariposas muertas deja de llamarse amor?
La última patada fue tan fuerte que acabé vomitando las moribundas mariposas que quedaban. Tan solo eran zombies de las anteriores; preciosas y pequeñas que tan solo viven para deborar tus entrañas. Para destrozar tu interior hasta que solo sea un cúmulo de vísceras y sangre indistinguible; replicas sin cerebro que solo provocan dolor...Las ilusiones que me diste estaban caducadas.

Ahora, buscando...añorando ese dolor tan maravilloso, se alimenta de mariposas vivas, esperando poder revivir lo que él hacía que sintiera.
Lamentablemente, la obsesión por sentir aquel revoloteo, la mató.

Si notas que pequeñas y carnívoras mariposas comienzan a anidar en tu estómago: huye, porque el dolor que producen es como una droga que llegará al climax en el momento en el que veas como llora por tí.

En ese momento, sonrió satisfecha y, presentándose en sus sueños, le recriminó: "tú me mataste, y aun así, no puedo sacarte de mi cabeza." Y en ese preciso instante, explotó, convirtiendo su cuerpo en un montón de mariposas de un rojo brillante, y estas, sedientas de sangre, acabaron con la vida de su creador.